La Feria / Sr. López

Réquiem por un proyecto

Tío Ricardo era eso que según la FIFA sí puede gritar la porra mexicana y según la Corte, no (Primera Sala, resolución del 8 de marzo de 2013: “ofensas discriminatorias que no pueden ser resguardadas por la libertad de expresión que consagra la Constitución en su Artículo Sexto”); bueno, con perdón de la FIFA y por respeto a la Suprema, nomás quédese con que al tío Ricardo le gustaba -más que a un niño una paleta Mimí-, lo que suele resultar indiferente a los señores. Y estaba casado, con la tía Concha que era eso sobre lo que ni la FIFA ni la Suprema han emitido fallo -aún-, que no se lo digo pues ya lo imagina y por respeto a usted, pero, sí, le gustaba igual que a su marido lo mismo que a su marido. Tenían dos hijos, ninguno parecido a su papá porque salieron a sus papás; malos estudiantes de mandar al psicólogo a los maestros. Se veía a esta “familia” sólo en los eventos tribales a los que de plano era inevitable fueran -y parecían muy normales-, pero casi nadie los trataba no por “sus cosas” (que era lo más que se llegaba a decir de sus cosas, que tenían “sus cosas”), sino porque él -rico por herencia-, se dedicaba a la usura (cosa fea); porque ella hacía todo lo posible por parecer lo que era; y los hijos, porque eran unos gañanes como para declarar inimputable a Herodes. Pasaron los años como acostumbran (rapidito), se iba uno enterando: que la tía abandonó al tío, que lo dejó en la calle; que los hijos dejaron en la calle a la tía; que fueron a botar al tío en un asilo; que la tía murió sola (de cirrosis hepática… no, no de la viral); que los hijos acabaron en la calle. Jovencillo este menda, en una sobremesa salió el tema y alguien dijo, “a esa familia nada le salió bien”; y el abuelo Armando que hablaba poco y nunca por ventilar la garganta, comentó como hablando para él: -“Nada sale bien si todo se hace mal” –y… qué bonita tarde y qué ricas las albóndigas, se acabó el tema.

Cuando Fox, sacó al PRI de Los Pinos, se anunció “urbi et orbi” el nacimiento de la democracia mexicana y junto con eso, quién sabe de dónde, cundió la idea de que eso, que no es para eso, la democracia, nos llevaría a tocar los dinteles de la Gloria: la economía iba a crecer; el gobierno, funcionaría como reloj; la justicia brillaría; el Congreso sería como una merienda de novicias; florecerían los campos, lloverían inversiones, sobraría presupuesto y los policías iban a ayudar a las viejitas a cruzar las calles.

Nadie quiso ver lo que estaba a la vista: si antes se hacían fraudes patrióticos para trepar al poder a quien el poder quería trepar, en el año 2000 fue lo mismo: el poder decidió que ya no seguiría con la etiqueta tricolor y se pintaron de azul. Se hicieron todas las trampas de siempre, sólo que esa vez, a favor de Fox, que no del PAN (por eso ni el gabinete controlaron).

No sabía la clase propietaria ni sus adláteres que operan con los políticos, que estaban tratando con arribistas de capacidades diferentes y que la “transición democrática” nacional, se iba a desbarrancar en una parranda de puntadas y excentricidades, sin conseguir ninguno de los objetivos para los que los pusieron:

Para empezar no desmontaron al PRI (que bien pudieron), se pelearon con el Congreso, soltaron a los gobernadores de los estados (pero en serio, por eso conservaron el control político como en la época de oro del PRI); mantuvieron y hasta fortalecieron a las grandes centrales sindicales, organizaciones dictatoriales con liderazgos fétidos que eran en buena medida razón de la eficacia política del PRI (maestros, petroleros, CTM, etc., todos ¡priístas!… tontitos). No fueron capaces de nada, la corrupción les creció como la espuma y no consiguieron ni media reforma estructural. Berrinche mayúsculo del poder grandote porque el gran capital internacional ya les tronaba los dedos. Luego con Calderón se les acabó la paciencia: resultó inimaginablemente peor.

Con puras mulas de mano no había opción: el regreso del PRI. Y vuelta a lo mismo, al fraude patriótico, si quiere usted, más elaborado, menos burdo, ya no fue pollo hervido sino en pipián, pero el mismo pollo: bailándose el zapateado en el gasto de campaña; con un IFE desdentado y humillado; escogiendo cuidadosamente los candidatos más derrotables (nomás acuérdese: la ñora… sí, hombre… esa… ¡la Chepina!; el Chaplin Quadri y el Peje que aunque ganara, perdía). Y muertos de pena, nos dijeron que no era lo mismo, que era un nuevo PRI… ha de ser pero ¡se parece tanto!

Ahora, con la experiencia que da el oficio de albañal, pudriendo un Pacto por México que era para lograr un auténtico consenso político, para empezar a remediar, zurcir, cambiar lo que hiciera falta, no para esto (que por eso ya ni se habla del Pacto)… todo quedó en la vieja maniobra de mangonear al Congreso y conseguir (para asombro de capitales y gobiernos extranjeros), cambios constitucionales que se antojaban imposibles.

Pero sólo los muy ingenuos (esos que ya no hay), podrían creer que el nuevo rumbo del país, resulta del acuerdo parlamentario, la reflexión de legisladores estudiosos, la honesta negociación política en busca de una nueva hoja de ruta; se cubrieron las formas (más o menos), para que los cambios fueran legales (que no necesariamente legítimos), y se consiguió el número de votos de cada caso: unos por disciplina de partido, otros por convicción (los menos), estos por dinero (así, a lo vil), aquellos por conveniencia, votaron y aprobaron iniciativas que responden a intereses que ni imaginan, ni les interesan.

Se insiste: sí son legales los cambios, aunque sepamos que no existe el real voto informado y libre entre nuestros legisladores federales -y los estatales ni lo sueñan-, no van a funcionar en beneficio del país y el despelote podrá ser nuevo, de otro estilo, pero seguirá, porque hacemos mal las cosas. Chin.

A continuación, para todos ustedes, con la orquesta filarmónica Aires del Drenaje, bajo la dirección del maestro Peña Nieto: Requiem por un proyecto.

Cuando Fox, sacó al PRI de Los Pinos, se anunció “urbi et orbi” el nacimiento de la democracia mexicana y junto con eso, quién sabe de dónde, cundió la idea de que eso, que no es para eso, la democracia, nos llevaría a tocar los dinteles de la Gloria: la economía iba a crecer; el gobierno, funcionaría como reloj…

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