La Feria / Sr. López

Referencias en Francia
Advertencia: esta Feria es Clasificación C, para mayores de 18 años y adolescentes acompañados por sus padres. Su contenido es ofensivo para patriotas nailon; favor de abstenerse. Se recomienda discreción con menores de edad y uniformados.
Ayer celebramos otro glorioso aniversario de la Batalla de Puebla del 5 de Mayo de 1862. “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria”, dice el telegrama que el general Zaragoza mandó al presidente Juárez (ahora hubiera puesto un twitter: “@zaragozaoficial_mx: Benito, te invito a Puebla no queda ni un francés”), y se cumplieron 151 años de mentiras y ocultamiento (de cubrir con velo caritativo) de lo que decían los otros telegramas de Zaragoza a don Benito: en el del día 7 de mayo, dijo refiriéndose a la hoy Heroica Puebla: “… yo tendré que participar cuanto ocurra de interés para evitar noticias falsas que en la traidora cuanto egoísta Puebla circulan. Esta Ciudad no tiene remedio”. Y en su telegrama del 9, ya en plan más francote, le puso: “… ¡Qué bueno sería quemar a Puebla! Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad…” De luto estaban.
Sí, mejor que no se sepa mucho la verdad -que no salga de nosotros 34, como decía mi tía Victoria cuando contaba “cosas”-, y ni recordarle a usted porque es de muy mal gusto, que el 17 de mayo de 1863, pasadito el año, regresaron los franceses con los ojos inyectados de sangre de la rabia que tenían por el papelón que habían hecho (a las carcajadas estaba Europa entera), y Puebla se tuvo que entregar.
Así las cosas, Juárez se acordó que tenía unos mandados que hacer, empacó a las volandas, salió pitando rumbo al norte y los franceses se instalaron en la capital del país el 10 de junio de 1863, encantados de la vida porque bien sabían que los yanquis no podían ayudar a México, por estar muy entretenidos en su guerra de secesión.
Para el 10 de julio, justo al mes de la llegada sin invitación de los franceses al D.F. -entonces no se llamaba así-, los conservadores mexicanos, enchiladísimos  todavía con los liberales (Juárez & Cía.), armaron junto con la iglesia romana una “Junta de Notables”, se fueron a Europa a que Napoleón III nos pusiera Emperador y regresaron el 28 de mayo de 1864, muy orondos con Maximiliano y Carlota, que no tenían mucha idea del berenjenal en que se estaban metiendo (pero eso sí, se nacionalizaron mexicanos antes de venir… de veras, eran un par de bobos).
En esas, Benito Juárez, con paciencia de indio (¿cuál leperada? grosero usted que cree que es insulto: eso era y a mucha honra), en Paso del Norte -que ni sabía que se iba a llamar Ciudad Juárez, coincidencias de la vida-, se dispuso a esperar que los gringos norteños ganaran la guerra y terminaran su pleito, como hicieron, para pedirles apoyo, como hizo, y regresó a sacar a patadas a los conservadores (y nomás para espantarle los malos pensamientos a toda la realeza europea, a Max lo ejecutó en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, el 19 de junio de 1867… ni el sexenio completó el güerito austriaco). Al ejército francés  no tuvo que sacarlo que ya se habían ido regresando, cosas del Napoleón III que parecía del PRI.
En resumen: si la Guerra de Secesión la llegan a ganar los sureños esclavistas al norte yanqui industrial, no habría Estados Unidos (¡chín!… las que nos hubiéramos ahorrado), aquí tendríamos emperador, estaríamos hablando “francésñol” (porque francés, francés, no), seríamos súbditos, desayunaríamos cuernos con café –no existirían los huevos motuleños, ni con camaroncito-, Pemex sería la “Chapopot du France”, Francia nos estaría prometiendo una reforma migratoria, Gustavito Madero sería monaguillo en catedral, Los Chuchos tendrían carnicerías, Peña Nieto sería pajecito de la Corte, Elba Esther tendría su tienda de peluches en Comitán, Osorio Chong su cafetería, Murillo Karam vendería tabule y kipe crudo en Hidalgo, Ebrard sería dependiente del Departamento de Caballeros del Palacio de Hierro, la Lady Profeco lavaría platos en una fonda y el Peje estaría en Tabasco moviéndole la panza a los turistas. En fin…
Las cosas fueron como fueron y son como son. Por eso acabamos de tener la visita de don Obama, que vino a nada y nos dijo nada (eso sí, muy bien dicha esa nada, que se entusiasmaron hasta el delirio los que fueron al Museo de Antropología a ver lo que es dominar el teleprompter, leer que parece que improvisa lo que alguien muy ducho le escribió… y a dar atole con el dedo); vino porque le era inevitable: México es ya una parte (incómoda) de la estabilidad de los EUA, con un intercambio comercial brutal, unos problemas bárbaros por los millones de migrantes nuestros que allá dan mucha lata y cada vez son más los que nacen en su territorio con plenos derechos, y muy apetitosas reservas de energéticos (gas y petróleo), para ni mencionar las consecuencias que para su seguridad nacional puede tener lo que pasa acá, nomás piense en lo nerviosos que se ponen cada vez que se acuerdan que nuestra frontera sur es apenas una raya en el mapa.
Entre los políticos que actualmente tienen el pandero en México, se han puesto más contentos que un niño con “play station”, porque el Amo Obama se portó muy bien y les hizo el juego de no tocar temas incómodos. Primerizos parecen: los presidentes yanquis (Obama es yanqui, de tono serio, pero yanqui-yanqui), siempre vienen a endulzarnos el oído, y luego hacen lo que les pega la gana que para eso cuentan de antemano con el “placet”, la aprobación incondicional de nuestros gobernantes, que de De La Madrid -cuando menos- para acá, sufren de complejo de mayordomo querendón, de gato de lujo, pero gato.
Don Obama, que domina el escenario y es un orador de primera calidad, nos recetó una modificación del “Tengo un sueño” de Luther King, y nos martilló “Ustedes son el sueño” y como apostillaron en el diario Reforma, que se ande con cuidado porque puede ser más bien, pesadilla. Si quiere, le dan referencias en Francia.
En resumen: si la Guerra de Secesión la llegan a ganar los sureños esclavistas al norte yanqui industrial, no habría Estados Unidos (¡chín!… las que nos hubiéramos ahorrado), aquí tendríamos emperador, estaríamos hablando “francésñol” (porque francés, francés, no), seríamos súbditos, desayunaríamos cuernos con café –no existirían los huevos motuleños, ni con camaroncito-, Pemex sería la “Chapopot du France”, Francia nos estaría prometiendo una reforma migratoria.

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