Surreal / Angel Mario Ksheratto

Retrato de una familia anárquica

 Muchos años hace que conocí a una familia completamente anárquica; el padre, alcohólico, violento y desobligado. La madre, neurasténica, enfermiza, mandona, intolerante y amargada. De los cinco hijos que aquella pareja había procreado, uno se había marchado para siempre; los cuatro restantes, permanecieron bajo la disfuncional tutela de los padres, quienes reñían todo el tiempo. La hija mayor encontró consuelo en los brazos de quienes estaban en condiciones de darle migajas de amor, a cambio de algunas monedas de cobre; la otra aprendió el arte de espantar a patadas a cuanto ser humano se le acercaba, acciones por las que muchas veces fue a parar a la cárcel, donde fue incontables veces violada por los policías.

En cuanto a los varones, ambos conocieron todas las cárceles de la región. Robos, asaltos, allanamiento, violaciones y agresiones, los delitos que comúnmente cometían. En casa mandaban todos, menos los padres, a quienes habían perdido el respeto e incluso, la compasión. Común era verles a cualquier hora, discutiendo con palos, machetes, cuchillos y piedras en las manos. Los padres, arrinconados en una esquina del vetusto corredor, solo esperaban la estocada final. Sin haber sido nunca alcanzados por los golpes de los hijos, estaban permanentemente heridos de muerte.

Sin guardar ninguna distancia ni proporcionalidad, es el mismo cuadro que ahora presenciamos todos los días en México: una familia anárquica, descontrolada, sin reglas de convivencia, sin respeto de nadie para nadie y con un gobierno acorralado, disfuncional y carente de estatura moral para imponer el orden.

Hombres que de la noche a la mañana se organizan, toman las armas y se declaran “defensores de la sociedad”, ante la nula reacción de las fuerzas oficiales para detener la espiral de criminalidad; maestros que olvidan sus principios para atacar y asaltar instituciones políticas que a su vez, han perdido todo rasgo de credibilidad ante la sociedad.

Muchachos embozados que toman escuelas y calles para provocar una reacción violenta del gobierno y crear mártires sin rostro. Legisladores que se roban el dinero público vía “sueldos” que no devengan de ninguna manera; jueces y magistrados que han prostituido la ley y la justicia, enderezando éstas contra pobres e indígenas. Funcionarios que dejan a criterio de sus hijos, lo que queda de las instituciones. Toda una familia disfuncional, desordenada y codependiente de un esquema político y administrativo precario y falto de razones para seguir usufructuando el poder.

Una familia malcriada, grosera, incivilizada; en eso han convertido los políticos al país. Y hablo de políticos de todas las ideologías e intereses habidos y por haber. De políticos en la cumbre del poder y los que gastan todas sus energías para alcanzarlo. De todos aquellos que viven del erario a través de los partidos políticos; de quienes pegan con la izquierda y cobran con la derecha.

Sobre eso, el cinismo de reconocer la anarquía como un ente vivo y con capacidad para enfrentar y confrontar a la autoridad y al resto de la sociedad. Llamar oficialmente “anarquistas” a maestros, presuntos estudiantes universitarios, jóvenes sin aparente filiación y hombres armados en algunos estados donde la delincuencia se ha enraizado, es admitir tácitamente que no hay una dirigencia sólida, confiable, respetable en el país. Son anarquistas, no queda la menor duda. ¿A quién corresponde calificar y a quién actuar?

Recomponer la crítica situación requerirá, primero, de curar a las instituciones; sanearlas a fondo para que recuperen su cuota de autoridad moral y de esa forma, adquieran el derecho de corregir a los demás. Segundo, escuchar —ES-CU-CHAR— atentamente a todas las voces y dar a cada quien, una respuesta puntual, honesta y sincera.

Tercero, aplicar adecuada y oportunamente la ley en aquellos casos en que el disidente, recurra al uso excesivo e innecesario de la brutalidad para hacerse oír. Y Cuarto, impulsar una reforma constitucional de fondo, consensuada, que garantice a los mexicanos, un futuro inmediato de armonía y seguridad jurídica. De otra forma, terminaremos como la familia a la que me refiero de entrada: totalmente destruida.

 IMAGINARIO.- “A través de valores como el amor, la generosidad y la solidaridad, uniendo esfuerzos con los tres órdenes de gobierno y la sociedad organizada, sustentaremos nuestro firme propósito de fomentar una mejor calidad de vida para las niñas y niños, así como jóvenes con discapacidad.” Lo dijo el gobernador Manuel Velasco Coello, durante su visita al CRIT de Chiapas, en el Día del Niño.

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