Como la grasa engaña a tu cuerpo

La hormona irisina puede constituir una aliada clave en la batalla contra el sobrepeso.

 grasa

Todos sabemos que el consumo excesivo de grasa es perjudicial para la salud, aumenta riesgos de enfermedades cardiovasculares, sobrepeso y obesidad, pero no se sabía hasta ahora que puede bloquear la acción de una proteína que naturalmente evista que se siga engordando, reveló un estudio del Instituto de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).

La investigación dirigida por el doctor Felipe Casanueva demostró  tras un estudio realizado en ratas, que la hormona FNDC5/irisina no sólo es secretadapor el músculo en respuesta al ejercicio físico (llamada mioquina), sino también se libera por el tejido adiposo blanco  (llamada adipoquina). El hallazgo postula que, en sujetos cuyo índice de masa corporal (IMC) sea elevado, podría darse una resistencia a esta proteína impidiendo su natural papel protector contra la obesidad.

Aunque el estudio ha sido realizado con roedores, los investigadores del CIBERobn, coordinados por la doctora María Pardo, han comprobado que los adipocitos humanos procedentes de individuos obesos son también capaces de secretar esta nueva adipoquina y probablemente desempeñen una función endocrina en el organismo, es decir, de secreción de hormonas que regulan actividades metabólicas

Nuestra hipótesis es que la proporción de secreción de la irisina por el tejido muscular/adiposo varía en función de la situación fisiológica del individuo”, dijo Pardo al diario español ABC.

El músculo sería el protagonista en el ejercicio físico ejerciendo un papel beneficioso, mientras que el tejido adiposo blanco sería el responsable de los niveles elevados de irisina en condiciones de IMC alterados como en la obesidad.

En estos casos, defendemos que podría existir una resistencia a esta proteína al igual que ocurre con otras hormonas inhibidoras del apetito”, añade la investigadora del CIBERobn.

La escasa bibliografía sobre esta proteína, descubierta hace menos de un año, refiere su importante función en la lucha contra patologías del síndrome metabólico como la obesidad, dado que se activa con la práctica de ejercicio físico transformando la grasa blanca (mala) en parda (buena).

El equipo que lidera la doctora Pardo ha dado un paso adelante al descubrir que también el tejido adiposo blanco es capaz de producir esta hormona, cuya secreción aumenta con el ejercicio físico moderado y disminuye con el ayuno.

Sorprendentemente, nos encontramos que el tejido adiposo blanco procedente de animales obesos aumenta significativamente la secreción de irisina en comparación con los animales con peso normal. Al mismo tiempo, los niveles circulantes de esta hormona también se encontraron elevados en animales obesos con respecto a animales de control y anoréxicos”, dijo.

Este hallazgo podría ser clave en la lucha contra la obesidad ya que, de constatarse, se confirmaría que a pesar de que los pacientes obesos secretan mayores cantidades de irisina, su cuerpo no permite que la hormona realice correctamente su función termogénica convirtiendo la grasa blanca en parda.

Aunque la hormona irisina es un descubrimiento reciente, éste no es el primer estudio realizado por el CIBERobn en este campo, estrechamente vinculado al potencial de la grasa parda. Tras el hallazgo de esta proteína en la Universidad de Harvard, hace poco menos de un año, el grupo barcelonés liderado por el doctor Francesc Villarroya, publicaba un editorial en la prestigiosa revista Cell Metabolism sobre el importante papel de esta molécula en la lucha contra la obesidad al transformar la grasa blanca en parda.

Un trabajo que aportaba nuevas pistas sobre el papel de la grasa marrón y en el que se recogían ampliamente las funciones y efectos beneficiosos de esta molécula para la salud, frente a problemáticas derivadas del sobrepeso.

Los avances científicos en esta materia evidencian cada vez con más que la hormona irisina puede constituir una aliada clave en la batalla contra el sobrepeso, la obesidad y otras enfermedades relacionadas como la diabetes tipo 2 o patologías cardiovasculares. Las líneas de investigación se centran ahora en la posibilidad de estimular farmacológicamente o mediante nutrientes la actividad de esta molécula para mejorar el tratamiento de los pacientes que sufren este tipo de dolencias.

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