La psicología del sabor

Desde la influencia genética, pasando por lo que aprendemos hasta nuevas experiencias.

 comida-bicentenario

Los niños que odian el queso muy oloroso o cualquier vegetal verde, generalmente terminan adorándolos cuando llegan a la edad adulta. En la mayor parte de los casos, nuestras preferencias en comida son aprendidas, tenemos una predisposición para que nos gusten determinados sabores. Parece muy simple, pero hay muchos aspectos dentro de la psicología del sabor que nos pueden enseñar por qué comemos lo que comemos.

Por ejemplo, hay personas consideradas como “grandes saboreadores”, esto quiere decir que perciben los sabores amargos de manera más intensa, así que evitan vegetales verdes. Pero ¿por qué nuestros gustos cambian durante la adolescencia? ¿Podemos cambiar deliberadamente nuestros gustos en la edad adulta?

Estas preguntas las respondió Elizabeth Phillips, vicepresidenta y portavoz de la Universidad de Arizona, quien condujo varios estudios enfocados en la psicología de los gustos de la comida y fue entrevistada por Joseph Bennington-Castro de io9.com  y retomamos sus hallazgos.

Por qué comes lo que comes

Hay varios factores que ayudan a definir nuestras preferencias en comida, de acuerdo con la investigadora, incluso podemos cambiar los alimentos que disfrutamos cuando queramos. Sólo requiere de un poco de tiempo u esfuerzo.

Lo primero que debemos saber sobre nuestras preferencias en comida es que tienen la influencia genética juega un papel muy importante. Cuando nacemos, tenemos preferencia por los sabores dulces, y rechazamos aquellos sabores amargos o agrios.

Esta parcialidad en las preferencias de sabores tiene raíces evolutivas. Los alimentos dulces, como las frutas, son fuentes de nutrientes y energía y por ello estamos predispuestos a su consumo. Según Phillips, la frutas maduras contienen azúcar natural, lo que proporciona una gran cantidad de vitaminas.

Por otro lado, los sabores agrios son más comunes en la toxinas de algunas plantas, por ello, es difícil que nos identifiquemos con este tipo de sabores y, generalmente, no nos gustan. Ello explica por qué a los niños no les gustan los vegetales.

Antes de nacer

Los recién nacidos tienen reacciones inmediatas a los sabores dulces y amargos, pero los sabores salados se van desarrollando con el paso del tiempo. De acuerdo con la especialista, esto se debe a que la sal tiene el resto de los minerales que necesitamos para sobrevivir.

Además somos más propensos a consumir comida chatarra o alimentos altos en grasa, gracias a la gran cantidad de calorías que contienen y porque nos proporcionan energía.

Algunas investigaciones han demostrado que hay grandes diferencias de género en la comida que elegimos consumir. A los hombres, por ejemplo, aparentemente les gusta la carne, y a las mujeres les gustan los dulces. Esto puede tener una explicación histórica (se sabe que antes de la agricultura, los hombres cazaban y las mujeres recolectaban frutos), probablemente, tiene mucho que ver con cómo vemos los diferentes tipos de comida.

Todo cambia

Sin embargo, a pesar de que existen factores innatos que influyen nuestros gustos en comida, las preferencias que desarrollamos en nuestras vidas, son aprendidas. Y pueden empezar, incluso, desde antes de nuestro nacimiento.

Adentro de la matriz, el feto inhala y exhala fluidos de amoniaco, el cual toma su sabor de los hábitos dietéticos de la madre. Los científicos han descubierto que los recién nacidos que fueron expuestos al ajo o al anís, en su periodo de gestación, tienen una reacción menos negativa a los sabores fuertes después de nacer.

En otro estudio, se descubrió que los niños disfrutan de la zanahoria si sus madres consumieron jugo de zanahoria durante su embarazo, o incluso meses después de haber dado a luz (el contagio del sabor lo hicieron a través de la lactancia).

Después de nacer, las preferencias por determinados alimentos duran otros dos años; por ello, este periodo es ideal para consumir nuevos sabores ya que después, difícilmente nos van a gustar determinados alimentos.

Es en este momento cuando los padres cometen un grave error: creer que a sus hijos ya no les gustan ciertos alimentos; la realidad es que no les van a gustar ningún alimento porque están en etapa de adaptación a los nuevos sabores. Así es que los padres dejan de alimentarlos con esos alimentos y lo único que logran con ello es que ya nunca les gusten por el resto de su vida, asegura Phillips.

Con estos datos ahora que te dispones a comer tus sagrados alimentos intenta hacer un pequeño cambio con los sabores y verás como tus papilas gustativas abrirán sus horizontes de sabor.

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