La Feria / Sr. López

Recogiendo escombros
A este su menda le pareció siempre muy injusto que por el solo hecho de que Pepe mi impresentable primo, dijera que yo le caía muy bien, se me hubiera inscrito en la lista de los indeseables de la familia, con todas sus consecuencias: cancelación “ad vita” de invitaciones a paseos, fiestas infantiles y “días de campo”, así como interrogatorios -grado tres, sin la presencia de nadie de mi confianza- por parte de mi madre, muy alarmada por el comentario de Pepe que me llevaba casi 10 años de edad y sí, era un crápula (pero yo le caía bien por bobo que era, nada más… no piensen mal ustedes también).
Reabrió esa herida pueril, leer el sábado pasado los comentarios de doña Cristi Lagarde (madame Christine Lagarde), directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), alabando a Peña Nieto, Videgaray y Carstens (¡¡¡tuiii!!! ¡¡¡tuiii!!! ¡¡¡tuiii!!!… ¡alerta roja!… sin correr, acuda al punto de reunión).
No es uno histérico ni paranoico, pero tenga presente en primer lugar, que el FMI junto con el Banco Mundial (BM) son los dos instrumentos de control financiero con que los yanquis aseguraron su preeminencia mundial al fin de la Segunda Guerra Mundial. En 1945, en Bretton Woods, un hotel en New Hampshire, antes del fin de las hostilidades, los gringos doblaron a las “potencias aliadas” que estaban hechas garras (para ellos se creó el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el BRIF, que fue ampliando sus funciones hasta hacerse el BM), y fincaron el nuevo sistema financiero que entre otras lindezas hizo del dólar americano la moneda internacional, como hasta ahora. Así qué chiste: sólo se puede jugar con sus canicas.
Para valorar los nutritivos platillos que preparan el BM y el FMI, basta con ver la anemia económica por lo pronto, de América Latina y las asimetrías sociales que inducen las políticas que imponen (y no es uno malora, pero vean el despelote que finalmente resultó ser Chile). Y a los que se les quieren salir del huacal, como Europa con su fandango ese de Euro, ya ve cómo los tienen: puestos quince, como gallito de pelea clavando el pico.
No propone su junta palabras de confianza que la alternativa sea el modelo de Castro, ni el de Chávez, ni el de la desaparecida URSS, vaya ¡ni el de la Unión Europea! Hay otros modelos (por lo pronto el del británico Keynes, el del gringo Harry D. White, avasallados en Bretton Woods) o el del norte de Europa, o el de la Gran Bretaña de ogaño o el de Alemania… ¡vaya! el punto es que el FMI y el BM con sus recetas neoliberales, no son la única alternativa ni la mejor (véanse nomás los resultados en los mismos EUA).
No hay ni habrá por un rato más, ni un solo país que siguiendo las directrices del FMI, se haya desarrollado ni sea potencia económica mundial.
Entonces, siente uno que se le enchina el cuero al leer que la madame Lagarde, dijo: “(…) es impresionante lo que está haciendo el nuevo gobierno de México (…) está decidido a poner en práctica una amplia lista de reformas en salud (!), privatización de diversos sectores de la economía (!!), en particular telecomunicaciones (…)  y esperamos que esas reformas ayuden al país”. Pues, muchas gracias doñita, pero…
México durante buena parte del siglo XX, sí bailó las polkas que nos tocaba el tío Sam, pero éramos una piedra en su zapato, por retobones, por ejemplo en política internacional: no hubo dios que nos obligara a romper con la Cuba castrista, ni a reconocer gobiernos golpistas de Latinoamérica -financiados por los gringos-; ni a cambiar nuestro modelo económico, el desarrollo estabilizador que hizo que el mundo hablara del “milagro mexicano” y la sustitución de importaciones, echando la puerta en las narices a los vendedores yanquis de baratijas muy bonitas, pero caras e innecesarias a fin de cuentas.
Luego llegó el orate de Echeverría que nos endeudó a lo puro zonzo, seguido del frívolo de López Portillo que apostó todo a la carta del petróleo y ya hasta el cuello de deudas el país, nos tiraron el precio internacional del petróleo ¡y anda tú a pagar!; para finalmente, con De la Madrid y su cerebro económico (Salinas de Gortari), nos doblaron la cintura, nos bajaron los pantaloncitos y… bueno, ya sabe: ¡a obedecer al FMI y al BM!, para llegar en escasos 30 años a cotas de miseria inconcebibles y a una concentración de la riqueza brutal, pero eso sí, comiendo hamburguesas, pizzas, con tenis Nike, refrigeradores que hacen hielitos, televisiones de 1000 pulgadas y Ipads (in-dis-pen-sa-bles para ser felices).
Si no le cala nada de esto, se le recuerda el trato que el imperio dispensó a Salinas de Gortari (de tan grata memoria el canalla). Gómez Leyva (manque me pese), se puso a bucear en su archivo y ayer publicó un resumen de imperiales alabanzas en su honor: Newsweek (marzo, 1989): “Salinas is a giant killer” (Salinas es un matagigantes). Fortune (enero, 1990): “Salinas es una de las 25 personas más fascinantes en el mundo de los negocios”. Times de Londres (julio, 1992): “El presidente Salinas es el arquitecto de la revolución económica en su país. Cuenta con gran apoyo popular. Es el hombre milagro”. George Bush (mayo, 1992): “Soy un gran fan de Carlos Salinas, ha hecho un trabajo excelente”. Economist (diciembre, 1991): “Los hombres que manejan México en este momento son probablemente el grupo más docto en economía que haya gobernado país alguno”. Y los meros personeros del esquema económico yanqui para mejor saquear países, dijeron de don Salinas que era mejor que un taco sudado de chicharrón, entre otros, Milton Friedman.
Ahora toca turno a Peña Nieto y compañeros:
De esto no va a salir nada bueno, porque no se puede instalar un esquema económico divorciado de la realidad, nunca; y espera este su texto servidor que no se le haya olvidado lo que fue el salinato ni en que terminó: crisis política sin precedentes (con su tómbola de asesinatos), insondable crisis económica, comaladas de nuevos millonarios, crisis social, y seguimos recogiendo escombros.
Reabrió esa herida pueril, leer el sábado pasado los comentarios de doña Cristi Lagarde (madame Christine Lagarde), directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), alabando a Peña Nieto, Videgaray y Carstens (¡¡¡tuiii!!! ¡¡¡tuiii!!! ¡¡¡tuiii!!!… ¡alerta roja!… sin correr, acuda al punto de reunión).

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