Una flor para otra flor…

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Parece que esa ardilla si sabe como conquistar a una chica… y es que el romanticismo se ha perdido un poco pero siembre tiene efecto

Que ardillas tan románticas!

Inmigrantes escondidos entre ataúdes, la nueva forma de viajar

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Tres personas que intentaban entrar ilegalmente Gran Bretaña escondiéndose en un camión lleno de ataúdes fueron detenidos.

La Fuerza Fronteriza dice que un perro rastreador encontró a los tres ciudadanos eritreos entre doce de ataúdes en un vehículo, que era de Bulgaria. Sin embargo, los inmigrantes no estaban dentro de los ataúdes.

De acuerdo a la información de las autoridades encontraron a los tres el pasado lunes en el puerto de Dunkerque, en el norte de Fracia, donde el camión estaba esperando a embarcarse en un ferry a Gran Bretaña. Ellos fueron entregados a la policía de fronteras francesas.

Los ataúdes iban dirigidos a un director de funerales en el oeste de Londres.

Los funcionarios de fronteras, dijeron el miércoles que el descubrimiento era de lo más inusual, pero en el pasada la fuerza encontró a personas escondidas en lugares muy extraños, como por ejemplo, en los envíos de galletas para perros y bañeras.

Detienen a mujer que trató de rescatar patos durante Sandy

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Una mujer de Pennsylvania enfrenta cargos que incluyen arriesgarse a una catástrofe después de que saltó a un furioso arroyo para “salvar” un par de docenas de patos silvestres.

La policía dice que Justina Laniewski entró en el arroyo Codorus en Glen Rock la noche del lunes, y que su hijo de 4 años, comenzó a seguirla.

Un vecino tomó al niño, pero después llegaron ocho bomberos de una estación cercana a rescatar a Laniewski, de 41 años, que tenía el agua hasta el cuello. También fue acusada de imprudencia temeraria, conducta desordenada y embriaguez pública, informa The Huffingtonpost.

Según documentos de la corte, la mujer dijo a la policía que se resbaló y cayó al agua. Sin embargo, el sargento Darry Smuck dijo que le practicaron una prueba de aliento y la mujer tenía un nivel de alcohol elevado, el doble del límite legal para conducir.

Cómo el salto supersónico casi fracasó

Felix Baumgartner fue el primer paracaidista en romper la barrera del sonido. Pulverizó tres records mundiales y mantuvo a todo un planeta en vilo, hasta que aterrizó y se arrodilló en señal de gloria. Sin embargo, todo estuvo a punto de fracasar.

El 14 de octubre de 2012 el austriaco Baumgartner era el foco de todas las miradas. El famoso paracaidista iba a saltar desde 39 kilómetros de altura y romper la barrera del sonido sin ayuda mecánica: toda una proeza.

Se sabe que durante los primeros segundos de caída libre giró sin control y casi pierde el conocimiento. Sin embargo recién ahora se reveló que la presión que ejercía el traje espacial diseñado para Baumgartner casi lo asfixia, producto de una reacción claustrofóbica severa.

El aventurero de 43 años nunca había experimentado esa altura antes del día D. Para sobrevivir al salto más que ser un paracaidista tenía que convertirse en un piloto de prueba.

Su traje a presión de última generación fue fabricado por la misma compañía que hace los trajes de vuelo que utilizan los astronautas de la Nasa. La diferencia es que un piloto de prueba siempre cuenta con al menos 2.000 horas de entrenamiento para acostumbrarse a éstos. Baumgartner tuvo sólo 20 horas para situarse a la presión de la goma interna del traje.

En dicho contexto, tras la batahola mediática que desató el salto, la BBC y National Geographic están preparando un documental sobre el proyecto. La película revelará la lucha que tuvo el austriaco contra sus propios miedos, durante los cuatro años que duró su entrenamiento.

“El tener que usar y sentir constantemente este traje alrededor de mi cuerpo, con el fuerte olor de la goma sintética, me dio una ansiedad enorme”, confiesa ahora Felix Baumgartner.

El hipnotista y el veterano

Fue tal la ansiedad que para prepararse el hombre sónico se tomó un año sabático para dejar de entrenar y recluirse en Austria. Allá recibió hipnoterapia por parte de un especialista, para empezar a entrenar lo que sería vital cuando saltase desde 39 kilómetros de altura, su cabeza.

“Nunca he estado a esa distancia de la Tierra. Lo único que esperas es volver a casa con vida”, confesó el deportista días antes del salto.

Pero otra pieza clave dentro de esta partida fue el coronel retirado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Joel Kittinger. El hombre, hoy de 84 años, es quien antes de Baumgartner poseía el récord mundial por saltar desde 31 kilómetros de altura, en 1960. Nadie mejor que él podía entender los riesgos de un salto así.

“El vacío, la nada, todo eso está ahí afuera esperando para matarte de inmediato. Es hostil allá arriba. No hay presión, hace frío y hay un brillo enceguecedor. Si algo falla, estás acabado”, dijo Kittinger en su momento.

Fue la bebida energética quien puso los billetes sobre la mesa para financiar la hazaña, pero el recibir el dinero tenía un costo implícito: un plazo de apenas doce meses para tener todo listo. La presión nunca ha sido un buen aliado para los científicos.

Por otro lado Baumgartner, por primera vez en su carrera, no podía tener todo el control sobre lo que iba a pasar. “Tenía que confiar ciegamente en estos científicos. Si algo sale mal allá arriba, no importa cuanto apoyo tengas desde la sala de control: estás completamente por tu cuenta. Eso da mucho miedo”.

El factor Armstrong

Las probabilidades de sobrevivir para Baumgartner estaban relegadas a una única y avanzada pieza tecnológica, su traje a presión. Incluso los más experimentados astronautas luchan por adaptarse a usar esta pesada indumentaria. El hombre sónico se tenía que mentalizar para saltar con el puesto.

Quizás el peor temor del equipo en torno al deportista era que el traje fallara cerca de “el límite Armstrong”. Esto no es más que aquella altura en que la presión atmosférica es tan baja -apenas 0,0618 atmósferas- que el agua puede llegar a hervir a la temperatura normal del cuerpo humano.

“Allá arriba no existe presión de la atmósfera, por lo tanto no hay nada que pueda detener el escape de gases desde tu torrente sanguíneo. Si el traje fallara, el cuerpo de Felix comenzaría a perder todos los gases atrapados dentro de él. Cada orificio de su cuerpo se transformaría en una válvula de salida. Es como la peor película de horror que alguien pudiese imaginar”, confiesa Art Thompson, el jefe a cargo del proyecto.

El traje cosido a mano de Baumgartner costó más de US$1,6 millones y podría perfectamente mantenerlo con vida en la Luna. Durante seis meses, 30 personas trabajaron meticulosamente en la fabricación del traje.

De hecho parte importante de su entrenamiento estuvo enfocado en ayudarlo a aclimatarse al traje. La idea era que se sintiera lo más cómodo posible usándolo, casi como si estuviera con su propia ropa. El problema es que el millonario traje restringía demasiado sus movimientos.

“Es difícil explicar cómo se siente. Tus movimientos naturales están absolutamente limitados. Cuesta respirar, cuesta mucho. ¡No se puede sentir nada del exterior con ese maldito traje!”, exclamó el paracaidista luego de realizar la proeza.

“Cuando salto, incluso en invierno, nunca utilizo guantes. Me gusta sentir el aire flotando en torno a mi cuerpo. Me gusta sentir la velocidad y la temperatura”, afirmó.

Cuando Baumgartner se probó el traje por primera vez dijo que se sentía “como si el exterior dejase de existir”.

“Eres sólo tú, con una respiración oprimida. Además es difícil lidiar con la soledad. Al estar sentado por dos horas adentro de la cápsula, empiezas a pensar en el gran salto, mientras asciendes más y más alto. No tienes conexión alguna con la Tierra. Si algo sale mal, vas a ser tú el que pagará por ello”, reflexionó el deportista tras sus salto.

Un héroe casi claustrofóbico

Tras tocar tierra y romper la barrera del sonido, Felix Baumgartner fue objeto de alabanzas en todo el mundo. Lo tildaron de héroe, de soñador y de ejemplo para las generaciones venideras. Pero lo cierto es que, tras la gloria, se encuentra un ser humano común y corriente.

Durante su entrenamiento tuvo que enfrentar a sus peores miedos, pero no podía dejar de decirle al equipo que lo sacaran del traje. “Ni siquiera podía estar de pie en el suelo, quieto, con el traje puesto”, asegura en el documental que la BBC y National Geographic están preparando.

“Mientras vas ascendiendo, el traje se infla más y más, por lo que se vuelve más difícil moverse. Pueden sentir como tus entrañas y estómago se retuercen y a tu corazón como si fuese a saltar por tu boca”.

Lo que nunca se supo mientras los preparativos del salto eran transmitidos a todo el mundo por internet es que durante el último chequeo del equipo se percató de que el calentador del visor de Baumgartner no estaba funcionando, lo que implicaba que se empañaba cuando el paracaidista exhalaba.

Se calcularon los riesgos si es que se procedía con el salto, luego de entender por qué existía dicho problema.

Incluso antes del salto ya existían preocupaciones en torno al equipo. Se suponía que Baumgartner, al momento de saltar, debía adoptar la posición delta -cabeza abajo y la espalda ligeramente curvada-, apenas abandonase la cápsula.

El salto en sí fue perfecto, pero sin embargo pocos segundos después de romper la barrera del sonido comenzaron los problemas. Baumgartner comenzó a girar sin control, desatando el pánico en la sala de control.

Si no se detenía, la sangre iría de golpe hacia su cerebro, lo que podría haber producido una aneurisma, daño cerebral o incluso su muerte. Si a esto le sumamos la claustrofobia que el deportista había confesado sentir adentro del traje, la ecuación no era positiva.

Lo que pasó después ya todos lo saben. Felix Baumgartner logró estabilizar su caída libre utilizando sus brazos, aterrizó en el desierto, al este de Nuevo México, rompió tres récords mundiales y se arrodilló ante la humanidad. Ahí terminó su salto y empezó la leyenda -aunque casi falla.

Muere la famosa arquitecta italiana Gae Aulenti

La famosa arquitecta y diseñadora italiana Gae Aulenti murió en Milán, Italia, a los 84 años.

La familia de Aulenti dijo que ella había estado enferma durante un tiempo.

Gae Aulenti fue una de las pocas diseñadoras femeninas de la posguerra en Italia, donde creó muebles y diseñó salas de exhibición.

En los años 1980, Aulenti trabajó en varios proyectos de gran escala en museos, incluyendo la transformación de una estación de tren en París, Francia, en el Museo D’Orsay.

Ella también diseñó la Galería de Arte Contemporáneo en el Centro Pompidou, en París, y el Palazzo Grassi en Venecia, Italia.

El videojuego que podría haber hecho Gaudí

Se llama “Sugar Rush” porque dispara la dosis de azúcar (virtual): un videojuego que simula una carrera de autos en un mundo de dulces y caramelos, donde la principal influencia estética ha sido la obra del gran arquitecto español Antoni Gaudí.

Las líneas redondeadas y el espíritu lúdico del catalán sirvieron de inspiración a diseñadores y programadores para crear un entretenimiento bastante inusual: un videojuego adentro de una película. Una pantalla dentro de otra.

¿Confuso? No tanto. Se trata de un juego de arcade, con reminiscencias de los años ’90 y de programas como “Mario Kart”, concebido por un equipo de animadores de Disney como uno de los escenarios en los que transcurre la acción de “Wreck-It Ralph” (“Ralph, el demoledor”), la película que el estudio estrena este viernes en Estados Unidos.

El universo animado al estilo Gaudí mucho le debe a una creativa española que lleva cinco años en la compañía del ratón: Lorelay Bove, criada cerca de Barcelona, tomó los recuerdos de su propia infancia para el videojuego.

“De pequeña, veía el trabajo de Gaudí y siempre pensaba en las estructuras como hechas de caramelos. Tenía la sensación de que eran casas de distintos dulces, con sus detalles, formas y texturas”, señaló la artista a BBC Mundo.

Así, cuando le pidieron que diseñara un mundo de azúcar Bove pensó enseguida en el movimiento modernista catalán.

“Me pareció que encajaba perfecto. Hice varias pinturas, se las mostré al director (Rich Moore) y a John Lasseter (director creativo de Disney) y les gustó. Era un enfoque distinto para un mundo de caramelos, que es algo que ya se ha hecho mucho”, agregó Bove, que lleva 12 años en Estados Unidos y trabajó en “Enredados” y “Winnie the Pooh” antes de ser parte de este proyecto.

Montañas chocolatadas y techos de oblea

Allí está, entonces, una suerte de homenaje –en clave de Disney, claro- a las formas de la basílica de la Sagrada Familia, la ambiciosa obra inconclusa de Gaudí, que se replican en el castillo del Rey Caramelo, el malo más malo de “Sugar Rush”.

También los techos ondulantes que se asemejan a los de la Casa Milà y los paisajes de colinas y arcadas como en el Parque Güell. O las formas de árboles, que sirvieron de inspiración a Gaudí para las estructuras hiperboloides de su gran iglesia de Barcelona.

“Una versión de caricatura” del estilo del catalán, en palabras de Bove, que cobró forma después de un viaje del equipo creativo a España para experimentar los espacios del arquitecto en primera persona.

“La experiencia es distinta: el olor, los detalles, los espacios… es completamente distinto a lo que se percibe usando fotos y mapas de Google. Eso nos dio muchas ideas”, comparó la artista.

La influencia fue más allá de las estructuras: también la iluminación del videojuego busca replicar la atmósfera de la catedral barcelonesa y de los interiores de algunas de las casas construidas por Gaudí, según indicó el director del rubro, Adolph Lusinsky.

El resto de la inspiración fue mucho más tangible: provino de los kioscos del mundo entero y de los descubrimientos que hicieron los creativos en una megaexhibición de golosinas.

“Es una feria como Comic-Con (la mayor convención anual del cómic en Estados Unidos), pero de dulces: cuatro pisos llenos de azúcares. Fue en Colonia, Alemania, y de allí sacamos miles de fotos que se convirtieron en una biblioteca de referencia”, indica Bove a BBC Mundo.

Atrás de la pantalla

Pero “Sugar Rush” no es el único videojuego ficticio creado para “Ralph, el demoledor”.

El personaje que da título al filme es, de hecho, el villano en un arcade también inventado, llamado “Fix-It Felix” y reminiscente de juegos como “Donkey Kong”, “Pacman” y otros clásicos de 8-bits de los años ’80.

Cansado de ser el malo, Ralph escapa hacia otros videojuegos vecinos, en busca de uno donde pueda demostrar que tiene pasta de héroe. Y la película lo sigue en su viaje por el “detrás de escena”, donde librar batallas, sortear obstáculos o avanzar al siguiente nivel no es sino el empleo rutinario de los personajes.

“Siempre se trata de darle a la audiencia algo que ya conoce, que en este caso es el mundo de los videojuegos, y a la vez algo que la sorprenda, como el hecho de que los personajes de sus juegos favoritos sean ‘empleados’, cuya tarea diaria es luchar o saltar o correr. La idea es mostrar cómo es la vida del lado de atrás de la pantalla”, dice a BBC Mundo el director Rich Moore, para quien “Ralph…” es su primera película tras una carrera premiada en TV, como director de episodios de “Futurama” y “Los Simpson”.

Así, el guión dio espacio para que los animadores construyeran distintos mundos virtuales, cada uno con su estética: a “Sugar Rush” y “Fix-It Felix” se sumaron “Game Central Station” y “Hero’s Duty”, inspirado en los más actuales “Call of Duty” o “Halo”.

Aunque concebidos para ver en la pantalla grande, los videojuegos tendrán también versiones interactivas: la carrera de autos “a la Gaudí” se puede experimentar en el sitio web de Disney y las andanzas de Ralph y Félix estarán disponibles para consolas.

“Concebir un mundo de cero, con su lógica y sus reglas, no es algo que ocurra a menudo: otorga una libertad absoluta para crear”, concluyó Bove.

Cancelan el maratón de Nueva York por estragos causados por Sandy

Funcionarios de la ciudad estadounidense de Nueva York dicen que el maratón que debía correrse este domingo fue cancelado a raíz de los estragos causados por la supertormenta Sandy.

Residentes del distrito neoyorquino de Staten Island, que fue golpeado con particular fortaleza por la tormenta, pidieron que los recursos se enfoquen en la recuperación de la ciudad en vez de en una carrera.

El jueves, la organizadora del evento, Mary Wittenberg, había dicho que se realizaría el maratón número 43 de la ciudad y que la competencia revelaría “la vitalidad y el espíritu de Nueva York”.