Concurso de canto Carlo Morelli, el gran trampolín

El certamen ha sido una gran escaparate para los talentos por varios años. Sin embargo, el país se queda corto para ofrecerles empleos.

El Concurso de Canto Carlo Morelli es el escaparate más importante para los cantantes de ópera en México, al podium de los ganadores han subido algunos de las voces más sobresalientes de las últimas tres décadas. Y en los últimos años es también la ventana de las deficiencias de la lírica nacional porque revela que muchas de las jóvenes promesas no sólo no están bien preparados para llevar el peso de un montaje, también se quedarán en el limbo al no existir oportunidades para el desarrollo de una carrera en el país.

El premio -creado en 1980 en homenaje al barítono italiano que fue miembro prominente de todas las temporadas de ópera de México, entre 1938 y 1970- que este año celebra su trigésima edición ha sido entregado a intérpretes como María Luisa Tamez, Lourdes Ambriz, Encarnación Vázquez, Jesús Suaste y Ramón Vargas; y en épocas más recientes, a Rolando Villazón, Carlos Almaguer, Noé Colín, Luis Ledesma, Alfredo Daza, Arturo Chacón, Javier Camarena, Diego Torre y María Alejandres, por mencionar sólo a algunos de los muchos cantantes destacados surgidos del concurso.

 A lo largo de su historia ha vivido años gloriosos en los que, en cada emisión, se daban a conocer voces que asombraban al jurado y al público, etapas en las que para muchos se debió declarar desierto y emisiones en las que alegaron fraudes y provocaron controversia. “Fenómenos normales en cualquier concurso del mundo”, dice el crítico musical Manuel Yrízar, especialista en ópera y de los pocos testigos que han presenciado casi la totalidad de los “Morellis”.

 Sin embargo, Yrízar anota un cambio sustancial a partir del nuevo milenio, cuando las políticas culturales del panismo fueron orillando a la ópera al estado de “decadencia” en el que hoy se encuentra.

 “El concurso ha tenido una gran importancia porque de ahí han salido cantantes que han hecho una gran carrera, con la característica de que casi todos los que ganaban eran invitados a cantar en el Palacio de Bellas Artes, pero en México vivimos una época muy mala respecto a la ópera, no hay funciones suficientes, pese a los esfuerzos que se están haciendo y no hay continuidad. Hay una pobreza extrema en este género”, dice.

 El especialista añade que, pese a la actual crisis, el Morelli ha sido un semillero de bellas voces y grandes artistas. “Es filtro muy importante para que se den a conocer, muchos han destacado y muchos se han quedado en el camino, si en México hubiera realmente ópera seríamos una potencia mundial”, sentencia.

 El musicólogo Francisco Méndez Padilla, actual director del certamen impulsado principalmente por Gilda Morelli -fallecida en 2008-, explica que este año se inscribieron 180 y se eligieron a los 10 mejores.

 El pasado jueves 23 de agosto resultaron ganadores las sopranos Karen Gardeazabal, Blanca Cecilia Rodríguez, Angélica Estefanía Alejandre; el barítono Germán David Olvera; Alejandro López Hernández, bajo; Josué Huitzilihuitl Cerón Román, barítono; y José Andrés Carrillo Rodríguez, tenor, en sus distintas categorías. Además se contó con un jurado estelar integrado por Ramón Vargas, el barítono siberiano Dmitri Hvorostovsky y Marcelo Lombardero, director del Teatro Argentino de la Plata; entre otros.

 La cifra de participantes revela un gran interés en los jóvenes cantantes, pero, advierte Méndez, no siempre se puede garantizar que cada año haya cantantes de excelencia.

“Uno espera que siempre haya un cantante que no solamente tenga la voz, sino también la preparación, la musicalidad y la experiencia escénica para pararse en un escenario, pero es un poco utópico. Aunque ha habido espléndidas ediciones, como en 2004, cuando ganó Javier Camarena, Rebeca Olvera y Josué Cerón, quienes inmediatamente hicieron La hija del regimiento, una experiencia única en la historia del premio; el sueño del Morelli es encontrar a jóvenes preparados que puedan llevar la responsabilidad de una ópera, pero no siempre se puede”.

 Méndez reconoce que el concurso tiene el interés de brindar más oportunidades a los ganadores. “No sólo que ganen el diploma y el premio en efectivo, también queremos darles oportunidades para que se desarrollen. Estamos tratando de crear nuevos espacios y establecer convenios para que puedan encargarse de producciones de ópera de cámara para que puedan adquirir experiencia y solvencia musical”, explica.

 Un cambio de vida

María Luisa Tamez, figura de la ópera nacional, ganó el premio en 1981, al año siguiente fue elegida por el maestro Eduardo Mata para protagonizar cuatro producciones consecutivas: Madama Butterfly, La Traviata, Suor Angelica y Falstaff. Un fenónemo, hoy casi impensable.

“El concurso me cambió la vida, nunca pensé que tenía facultades para hacer una carrera de solista, luego conocí al maestro Mata y empezó una aventura mágica. Gané con una aria de Butterfly e Irma González, la gran diva, me dijo que la Madama sería una de mis creaciones y así fue. Ganar este o cualquier premio no lo es todo, para hacer una trayectoria necesitas tener un gran temperamento para resistir y avanzar, es una carrera muy espinosa”.

 A Tamez la contrataron todos los directores de la época. “Trabajé con casi todos, porque sí era un gran impulso. Además aprovechaba para irme a estudiar a Estados Unidos. Ahora hay esfuerzos como los que hace Sivam, pero no es suficiente, todos esos chicos (que participan en el Morelli) no tienen dónde trabajar”.

Para Javier Camarena, ganador en 2004, el certamen sigue siendo un trampolín. Su caso es representativo de la nueva generación que está haciendo eco fuera del país.

En entrevista, el tenor de la Ópera de Zurich asegura que las lecciones más importantes de su carrera las recibió en el Morelli. “No gané la primera vez que participé, sino hasta la cuarta, así que cada vez fue para mí la oportunidad de demostrarme que podía hacer mejor las cosas. También me enseñó a tener la humildad para reconocer que me faltaba un gran camino por recorrer, lo importante no era ganar, sino demostrar por qué fui merecedor del primer lugar. Es la gran vitrina, pero no es garantía de una carrera sólida porque eso depende de muchos factores”.

Noé Colín, bajo que ha sido miembro de la opera de Viena en la Volksoper y ganó el premio Revelación Juvenil del Morelli en 1990, considera: “Ojalá que siga dando talentos, México necesita apoyar a nuestra gente para que podamos trabajar aquí y no tengamos que emigrar”.

 Los ganadores del Concierto de Finalistas de la Trigésima edición del Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli y algunos de los ganadores de ediciones pasadas, como Tamez, Colín y Camarena, participarán en la Gala Conmemorativa que se realizará el domingo 2 de septiembre a las 17:00 horas, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Participan la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes¸ bajo la dirección concertadora de Enrique Patrón de Rueda.

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